Creo que los objetos conservan rastros de uso, historia y afecto, y que su valor no reside únicamente en su función, sino en los significados que las personas les atribuyen. Me interesa pensar en la responsabilidad que implica conservar o desprenderse de las cosas.
A través de mi obra investigo conceptos relacionados con la posesión y la pérdida, así como la carga emocional y simbólica de los objetos cotidianos y las relaciones de apego, acumulación y consumo que se construyen en torno a ellos.
Mi trabajo dialoga con planteamientos teóricos sobre la cultura material y el vínculo con los objetos, como los de Arjun Appadurai y Daniel Miller, quienes analizan cómo las cosas participan activamente en la construcción de la identidad y de las relaciones sociales. Desde esta perspectiva, el consumo no se entiende solo como una práctica económica, sino como un fenómeno afectivo y simbólico atravesado por contextos culturales específicos.
Me interesa la tensión entre la promesa de sentido que ofrecen los objetos y la dificultad real de convivir con su acumulación, una contradicción intensificada por la lógica del consumo contemporáneo y la saturación digital. En piezas como Abundance, 2025, o Tacita, 2025, se representan entornos cotidianos que oscilan entre el orden y el desbordamiento, aludiendo a experiencias comunes de exceso, caos y familiaridad.
Aunque mi obra parte de experiencias personales —como el desplazamiento entre distintos contextos culturales y la herencia de objetos familiares—, no busca construir un relato autobiográfico.
Trabajo principalmente con escenas de naturaleza muerta construidas a partir de objetos y prendas provenientes de mi vida cotidiana y de espacios familiares. Algunas composiciones muestran acumulaciones desordenadas, mientras que otras aíslan objetos específicos que han permanecido guardados durante largos periodos. A través de la pintura, estos elementos activan preguntas sobre memoria, valor y olvido, incluso cuando su origen o historia resulta parcial o desconocida.
El bodegón es una referencia central en mi trabajo. Históricamente, este género ha operado como un espacio de reflexión sobre el tiempo, la fugacidad y la relación entre los sujetos y las cosas, desde las vanitas del siglo XVII hasta sus relecturas contemporáneas. En este sentido, se convierte en un dispositivo para pensar la memoria, el deseo y la materialidad en el presente.
El uso del óleo, como técnica tradicional, me permite abordar un problema contemporáneo desde una temporalidad extendida y reflexiva. El acto de pintar se convierte en una forma de reorganizar visualmente el exceso, transformando escenas de acumulación en imágenes detenidas que permiten una lectura más lenta y crítica. La pintura funciona así como un espacio para reconsiderar la relación con la materialidad y para pensar los procesos de desprendimiento no como pérdida, sino como reconfiguración.

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